Mitos y Leyendas: Tres aves y el nacimiento del fuego
Publicado el 11/12/2023 a las 13:50
Publicado el 11/12/2023 a las 13:50
- Mitos y Leyendas te comparte una versión del nacimiento del fuego con tres aves pícaras.
- Una de ellas, por accidente, dio con una pista del calor de este y corriendo fue a avisarle a sus amiguitos.
- Los 3, posteriormente, se aventuraron a descubrir el misterio detrás de este flameante enigma.
En las proximidades del lugar donde nace el majestuoso río Orinoco, residía el monarca de los caimanes, conocido como Babá.
Su compañera en la vida era una inmensa rana, y juntos compartían un profundo secreto, un enigma que permanecía oculto tanto para los otros habitantes del reino animal como para los seres humanos.
Este misterio estaba resguardado en las fauces del imponente caimán Babá.
La pareja se refugiaba en una gruta y advertía con amenazas de muerte a cualquiera que osara adentrarse, sosteniendo que en su interior habitaba un dios devorador de todo, y solo ellos, soberanos de las aguas, poseían el derecho de acceso.
Una perdiz hace un descubrimiento

Un día, una perdiz, apurada por construir su nido, ingresó inadvertidamente en la cueva. Mientras buscaba ramitas para su nido, encontró hojas y orugas chamuscadas, como si un fuego celestial hubiera dejado su huella allí.
La perdiz probó las orugas tostadas y descubrió que tenían un sabor mucho más delicioso que cuando las consumía en estado crudo.
Emocionada, voló a ras del suelo para compartir su hallazgo con Tucusito, el colibrí de plumaje rojo.
Poco después, se unió al grupo el Pájaro Bobo, y los tres comenzaron a idear un plan para desentrañar el misterio detrás de las deliciosas orugas cocidas.
El plan para conseguir el fuego

El astuto Pájaro Bobo se ocultó en la caverna, aprovechando su plumaje oscuro, mientras la rana soltaba las orugas que sostenía en su boca y el caimán Babá abría la suya, que era imponente, revelando unas lenguas rojas y brillantes.
Sin percatarse de la presencia de Bobo, la pareja disfrutó de las orugas y, finalmente, se sumió en un sueño satisfecho. En ese momento, Bobo salió corriendo para compartir con sus amigos lo que había presenciado.
Al día siguiente, los tres conspiradores planearon cómo arrebatarle el fuego al caimán sin poner en riesgo sus vidas. La oportunidad debía presentarse cuando el caimán abriera la boca para reír.
En la tarde, mientras todos los animales estaban reunidos junto al río charlando y bebiendo, Bobo y la perdiz colorada comenzaron a realizar acrobacias, provocando risas en todos, excepto en Babá.
Tucusito arrebata el fuego

Bobo tomó una pelota de barro y la lanzó dentro de la boca de la rana, quien, debido a la risa, se atragantó. Cuando el caimán vio la dificultad que enfrentaba su compañera, soltó una carcajada.
En ese momento, Tucusito, que observaba desde el aire, se zambulló en picada y, con la punta de sus alas, arrebató el fuego. Al elevarse, rozó las ramas secas de un inmenso árbol, que se incendió de inmediato.
El Rey caimán advirtió que, aunque les habían robado el fuego, otros lo aprovecharían y los demás animales serían consumidos por las llamas, mientras que Babá y la rana vivirían eternamente en el lugar de nacimiento del gran río.
Dicho esto, se sumergieron en el agua y desaparecieron para siempre.
Los guardianes

Las tres aves celebraron el robo del fuego, pero ningún otro animal supo cómo aprovecharlo.
Los seres humanos que habitaban cerca del Orinoco tomaron posesión de las brasas que ardieron durante muchos días en el bosque seco, aprendiendo a cocinar sus alimentos y a reunirse en torno a las fogatas para conversar durante las noches.
Tucusito, el pájaro Bobo y la perdiz colorada se convirtieron en sus guardianes y protectores por haberles brindado el preciado don del fuego.
Mitos y Leyendas se despide por el momento. Ojalá que esta leyenda del nacimiento del fuego haya sido de tu agrado. ¡Hasta la próxima!
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